domingo 05 de septiembre del 2010
| Revista Ideele - 3 años: Doblando la esquina |
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| Escrito por Rafael Belaunde |
| Jueves, 13 de Agosto de 2009 16:49 |
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Revista Ideele , Nº194, 2009 3 años: Doblando la esquina Balance al tercer año Si el volumen de las exportaciones, el monto de la inversión extranjera, el índice de precios al consumidor, o la recaudación fiscal fueran los únicos factores pertinentes para juzgar a un gobierno, lo justo sería reconocerle solvencia al actual. No habría nada que discutir ni objetar. Pero la realidad no es así de simple. La acción gubernamental no puede estar restringida al manejo de la economía solamente. Menos aun en un país en el que la mitad de la población está excluida del sector moderno de la economía (que es el único que progresa) y se debate en la pobreza. Luego de tres años de gobierno los servicios de salud pública siguen siendo pésimos. La educación que imparte el Estado mantiene su deplorable nivel. Pisco permanece prácticamente en ruinas. En materia de infraestructura vial, lo poco que se viene haciendo no guarda equivalencia con el auge fiscal de los últimos años. Igual sucede con los servicios de agua y desagüe y con los programas sociales, los mismos que se aplican con mezquindad enervante. Mientras tanto, la metástasis burocrática recobra el dinamismo de antaño y se encomia y premia a sus agentes propagadores. Las trabas administrativas de ese perro del hortelano que es el Estado siguen intactas, condenando a millones de peruanos a mantenerse en la informalidad y a decenas de miles a emigrar. Esta es la parte del balance del actual régimen que el oficialismo pretende soslayar. Quienes sí se percatan del problema hablan ahora de inclusión social. Es bueno que el tema empiece a concitar atención, aunque sea con tan eufemística retórica: inclusión social. Lo que ha primado históricamente en el Perú, salvo por breves periodos, es la exclusión social. Y combatir ese fenómeno, estructuralmente impregnado en nuestro sistema de gobierno, requiere bastante más que buenos deseos y de promesas huecas como la de Sierra Exportadora. Abolir la tara excluyente que nos acompaña desde el inicio de la república y que es la misma que impulsó a unos a buscar un monarca y a otros a proponer una presidencia vitalicia allá por sus albores, implica reformar drásticamente la organización del Estado para ponerlo al servicio de la gente. Ningún gobierno conservador va a emprender tamaña tarea y el actual no es la excepción. El problema es que la política está dominada por quienes consideran posible una democracia sin verdaderos ciudadanos, un sistema de libertad económica amplia acompasado con un esquema de libertad política restringida. Visión similar a la de varios gobiernos del siglo pasado que, dicho sea de paso, ya entonces resultaba anacrónica y que en nuestros tiempos resulta insostenible. Distinto sería el Perú si se hubiera optado por sincerar la democracia. ¿Cómo lograrlo? Eligiendo representantes en distritos electorales pequeños; conformando los concejos provinciales con los alcaldes distritales respectivos; eliminando a los consejeros provinciales que debilitan a los alcaldes; implementando la segunda vuelta en todo proceso eleccionario e impulsado la municipalización del Estado. Es decir si se reconociera que la democracia debe organizarse de abajo hacia arriba y no al revés. En un esquema así, en el que la soberanía descansara realmente en el pueblo, la exclusión quedaría desterrada. ¿Estoy hablando de utopías? Recordemos como Lamartine que éstas solo son a menudo verdades prematuras. También es verdad, sin embargo, que esperar cambios profundos de un régimen conservador como el actual, sería como pedirle peras al olmo. |
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